Cuando moda quiere decir arte e historia

Porque decimos moda, cuando queremos decir arte e historia.

Existe un eterno debate tras las bambalinas del mundo de la moda y el arte que intenta discernir cuando acaba la una y donde empieza la otra y si puede concedérsele a la moda la denominación de arte con mayúsculas.

Una lucha que se vislumbra estéril  y que le concede mayúsculas, minúsculas y puntos y  aparte, tras ser visitada la exposición que el Museo del Romanticismo organiza junto al Museo del Traje de Madrid, y en el que se reúnen 22 modelos femeninos y masculinos que muestran la evolución que se produce en el traje desde comienzos de siglo XIX y a lo largo del reinado de Isabel II.

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Vista general de la exposición “La Moda Romántica”.

Decimos que es una disputa yerma al comprobar que la moda con perspectiva histórica se despoja de toda frialdad contemporánea, que aún hoy en día nos sirve de instrumento para repensar los roles de género, el papel desempeñado por la cultura y las sociedades e incluso para la revisión de la propia historia.

No son vestidos, ni trajes, ni calzado. “La Moda Romántica” es una modo de conjugar la exposición temporal con el propio espacio, como si el Palacio del Marqués de Matallana fuera un espacio dinámico, en el que los atuendos se despojan de las telas y se convierten en personajes con vida propia que interactúan con el contexto y cuentan historias de las personas que las lucieron.

La nueva sociedad que se dibuja en el siglo XIX acogerá la moda como uno de sus principales medios de comunicación y exponente fundamental de los modos de vida, reflejo fiel de toda una época, donde el espectáculo y el teatro influyen enormemente en la configuración de los ideales de belleza y elegancia y las revistas de moda contribuyen a democratizar la indumentaria.

No es por tanto un acto frívolo el hecho de la moda, en tanto refleja la propia historia de los pueblos y  encarna la configuración de las sociedades.

Una de los puntos fuertes  de la exposición reside en su capacidad de mostrar el rol femenino de la moda a lo largo de  la historia como un yugo que ha llegado hasta nuestros días. Y es que será en el último tercio del siglo XVIII cuando la mujer comience a exhibirse y a significarse a través de sus trajes, ampliando el escote y marcando la cintura, ya que la silueta romántica por excelencia fue la derivada del uso del corsé y la crinolina.

Vestido de muselina (1825-1830)

Tan significativa es la moda, que hasta los tejidos de algunos de los vestidos expuestos en la exhibición muestran problemáticas actuales a través de telas como la muselina,  la gran protagonista del último tercio del siglo XVIII, importada desde la India por su ligereza y que producía la mal llamada “enfermedad de la muselina”. Morir por ir a la moda.

Fue Josefina Beauharnais, esposa de Napoleón I, una de las mujeres a la que se le  consideró pionera en imponer la delgadez femenina como canon de belleza, aquella que era necesaria para lucir el llamado estilo imperio.

Nos referimos a los vestidos lánguidos de telas vaporosas (en general de muselinas), de cortes rectos, cintura alta, casi debajo del busto, y profundos escotes que llegaron a causar, por increíble que parezca, la muerte de muchas mujeres. La enfermedad de la muselina, se trataba en realidad de fuertes bronquitis o pulmonías, ya que no sólo las telas eran delgadas y poco abrigadas para los inviernos europeos, si no que las mujeres frecuentemente las mojaban para que se les adhirieran mejor al cuerpo y les marcaran las líneas y curvas.

Pero no sólo tenemos la oportunidad de pasear a lo largo de la muestra por los roles de género de la mano de las tendencias de la época, sino que también observamos en la vestimenta la historia de nuestro país y los males que lo asolan, porque la moda ha cambiado con el tiempo, pero parece ser que no las malas costumbres.

Y así la exposición nos deja maravillarnos con la famosa levita azul ultramar con cuello de terciopelo de Mariano José de Larra, poeta romántico por excelencia y autor de “Vuelva usted mañana”, obra en la que se muestra un país en donde la burocracia (sobre todo la de las instituciones públicas) es lenta y desesperante y en donde la levita es capaz de reflejar ese sabor amargo de una país que repite su historia. 

Levita de Mariano José de Larra

Los usos, las costumbres e incluso la antropología, encuentran refugio en la moda y es que como contaba el comisario Eloy Martínez de la Pera, ya en la época aparecían las primeras influencers como la Reina Victoria de Inglaterra, responsable de costumbres tan arraigadas en las sociedades occidentales como “el luto”,  siendo ésta la responsable primera de elegir el negro en el vestir como señal de duelo.

La moda ha sido también capaz de reflejar la diversidad de las culturas a través de los tejidos llegados desde fuera, como aquellos exóticos venidos de la India y que desde el siglo XVIII  despiertan ese gusto por el insólito mundo oriental.

La exposición es capaz de reflejar ese entramado de relaciones comerciales internacionales a través de algunas piezas con características goyescas,  que plasman un fenómeno denominado majismo, que no fue sino la reacción que se propició desde la segunda mitad del siglo XVIII ante esas modas extranjeras, y que se caracterizó en la vestimenta por el uso de madroños y hombreras de caireles.

Vestido de estilo goyesco (1800-1810)

Un paseo por tanto, infinito, que muestra la moda como uno de los fenómenos sociales más interesantes del siglo XVIII.