¿Es realmente rentable el robo de arte?

El pasado fin de semana los medios se hicieron eco de la noticia del robo de cinco obras de arte valoradas en más de 30 millones de euros.

Sí, has leído bien: 30 millones de euros. Éstas fueron creadas por uno de los artistas contemporáneos más cotizados, Francis Bacon.

Cuando leemos una notica así nos imaginamos películas como El Secreto de Thomas Crown, La Trampa o más recientemente ‘La Mejor oferta’ o ‘Trance’ (donde se roba un Goya), en la que unos ladrones profesionales planean el robo del siglo para hacerse con un botín de millones de euros y planear su retiro de por vida.

Sin embargo, cuando se trata de robar arte, podemos decir que al ladrón le espera de todo menos un bonita jubilación. Robar obras conocidas y de autores muy cotizados no es rentable. Piensa en la última noticia sobre un robo. Seguramente se haya producido en un banco, joyería o comercio. Raras veces se producen robos de piezas muy conocidas. 

¿Por qué?

La principal razón es porque son difíciles de vender.  Aunque suene contradictorio, una obra tasada en millones de euros no vale nada si de antemano no tienes un comprador. Puede que la obra/ objeto esté tasado en millones de euros pero,  al menos que haya sido un robo por encargo,  lo más probable es que el  ladrón nunca llegue a ver esas cantidades y no encuentre a un comprador interesado en adquirir la pieza robada.

Las joyas, esculturas de metal o piedras preciosas se pueden vender fácilmente en el mercado ya que sólo hay que fundirlos sin que pueda conocerse su procedencia. Es verdad que de vez en cuando aparece en el ático de una antigua vivienda la obra de un artista que tal vez no se conocía, pero las piezas más representativas de cada pintor o escultor de renombre están catalogadas y en la mayoría de los casos se conoce su ubicación.

Además, la INTERPOL dispone y actualiza periódicamente  la base de datos de todas las obras de arte robadas en el mundo. También existe  Art Loss Register que lleva un inventario de las obras sustraídas. Si en algún momento reaparece un objeto de esa lista, se activarían las alarmas. Lo mismo ocurriría si alguien se pusiera a investigar la procedencia de una obra antes de su adquisición y resultara ser una pieza robada.

Los ladrones tampoco podrían vender las obras en casas de subastas ni galerías porque el control que se lleva de todos los objetos que pasan por sus manos también es muy exhaustivo.

Si finalmente alguien decide comprar una pieza de dudosa procedencia , nunca la podrá exhibir. Esto va totalmente en contra de los principios de los amantes del coleccionismo. El coleccionista de arte quiere poder mostrar sus bienes más preciados . ¿De qué le serviría guardar una obra de gran valor en una habitación con extremadas medidas de seguridad, si luego no puede disfrutarla nadie?

Entonces, ¿por qué se roba arte si es difícil de vender?

No existe una única respuesta a esta pregunta. Pero sí muchas hipótesis que a continuación enumeramos:

  1. Porque el robo lo idea y ejecuta un ladrón inexperimentado y no sabe que tras superar la difícil tarea del transporte y conservación de la misma, debe enfrentarse a tener que buscar a un comprador. De allí los numerosos casos de  obras robadas que reaparecen al poco tiempo de ser sustraídas. 
  2. Porque se trata de un robo por encargo para disfrute privado. Se sabe de antemano dónde está la obra- objeto deseado y se va a tiro hecho. Lo normal en un asalto a una vivienda, no es toparse por casualidad con una pieza destacada y decidir sobre la marcha descolgarla y llevársela. Pero éstos son los menos comunes.
  3. Porque se secuestra la obra  para posteriormente pedir un rescate. Muchos robos por encargo y robos en general, tienen como fin conseguir dinero rápido. No  por la venta, sino a través del rescate que el dueño está dispuesto a pagar por ella. Véase este ejemplo
  4. Porque quiere defraudar al seguro. Por último, puede que el dueño se vea tentado a simular el robo de una obra para defraudar a su seguro. Por suerte para nosotras las aseguradoras, esto sólo sucede en casos muy contados.

¿Para qué llevar a cabo el robo del siglo, si luego no puedes beneficiarte de él? Esto es lo que sucedió hace unos años a unos ladrones que robaron siete cuadros de la Kunsthal  Gallery en Rotterdam, Holanda. Entre las obras se encontraban cuadros de Picasso, Matisse y Monet cuyo valor ascendería a más de 10 millones de dólares si se llegaran a subastar. Los ladrones no fueron capaces de vender los cuadros y acabaron escondiéndolos en Rumanía, en casa de la madre de uno de ellos. La banda fue detenida y para deshacerse de las pruebas, la madre afirmó que había quemado los cuadros. ¡Millones de euros fueron reducidos a cenizas! porque no habían sido capaces de encontrar a un vendedor.  Y… ¿a quién no le gustaría tener un Picasso colgado de su pared? No fueron conscientes de que estas grandes obras hay que dejarlas enfriar durante muchos años… muchos.

Otra de las principales razones por las que no se roban cuadros conocidos  es porque son difíciles de transportar. Cuando unos ladrones entran a robar en una vivienda trabajan a contrarreloj.  Una vez que  consiguen cortar la alarma la centralita detecta el fallo en la señal y salta una alerta. Los ladrones no pueden perder tiempo protegiendo la obra y preparándola para un adecuado transporte para que no se dañe y pierda valor.

Además, en un robo se debe trabajar de una manera rápida porque nunca se sabe en qué momento van a volver los dueños o aparecerá la policía.  Si deben moverse con rapidez  y libremente por la casa,  un cuadro o una escultura pesada sólo les entorpecería.

Para que el golpe sea rentable, el objeto en cuestión debe cumplir con dos requisitos imprescindibles: facilidad en el transporte y posibilidad de convertirlo en efectivo. Metales preciosos  y dinero son los productos estrella. Por eso entre los 10 grandes robos de la historia sólo en el Golpe de Boston de 1990 se llevaron cuadros; en los demás lo que se perseguía era el de dinero en efectivo, diamantes y joyas.